Ahora me veo en un pequeño piso en Barcelona, con muchos acontecimientos, consejos, vivencias, alegrías y errores a mi espalda con tan solo 28 años. Mi historia está aquí para quien le interese escucharla.
Todo empezó cuando mis padres se divorciaron y yo tenía 15 años, y dentro de mí se despertó un sentimiento de rabia y alivio. Rabia por no poder hacer nada, y alivio por observar cómo mi casa se liberaba de discusiones día y noche.
Mi madre fue toda su vida (y lo sigue siendo) una privilegiada económicamente gracias a su familia, lo que se conoce como una "niña bien" pero sin embargo, su apariencia no era tal. Guapa, lista, educada, y aunque su apariencia acompañaría esa impresión, no era una remilgada ni nada por el estilo, aunque a veces sí era un poco "especial" en ese sentido. y con un futuro prometedor, en gran parte gracias al poder económico que su familia le aportaba.
Su madre era una mujer como las de entonces: primero su marido, luego sus hijas y su casa, y después ella. Eso no le importaba ya que gracias a su matrimonio tenía todo lo que una mujer deseaba en esos años: una familia envidiable, una economía estable y una casa en el barrio más acomodado de Madrid.
Su padre era dueño de una gran empresa de hidroeléctricas que construían por toda España y que, con el tiempo, acabó construyendo también por parte del extranjero. Pero, como en casi todos los casos, el dinero no se gana con honradez, legalidades y sin perjuicios.
Mi padre había sido un anarcopunk en su época que luchaba contra el fascismo, la opresión y las injusticias que había en su tiempo. Odiaba el capitalismo, creía en una sociedad mejor y sin leyes. Parece contradictorio conseguir un mundo mejor sin leyes ni autoridades, y yo tampoco lo comprendía, pero nunca olvidaré el día que me explicó el movimiento anarkista y los pensamientos que conllevaba.
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